| Poemas
Ester de Izaguirre obras completas
Por Abel Posse
Hay
Poetas que construyen su voz en un largo
camino de actividad literaria. Tanto el
material ideológico como las experiencias
personales, los sentimientos ingresan para
someterse a la presión de lo literario,
a la dominación -afortunada o desafortunada-
de una estética.
Otros poetas prefieren el camino del afinamiento
personal. Se diría que la página
en blanco sobre la que inscribirán
su estética, son ellos mismos. Es
un propósito difícil y hasta
riesgoso, no cabe mucha posibilidad de subterfugio
ni de distanciamiento (aquel "extrañamiento"
de que hablara Bertold Brecht) Todo el yo
del poeta pasa a ser instrumento del decir
poético, del canto; El hombre, poeta
en estos casos, intenta ser laúd,
órgano catedralicio o quizás
melancólico silbido humano enriquecido
por el temblor de los humanísimos
labios.
Si tuviera que definir a Ester de Izaguirre
preferiría este símil. Asume
todos los riesgos de nombrar sentimientos
y situaciones. Lo hace exponiendo su sensibilidad
al desnudo, sin adornos de conclusiones
morales - esas falsas alturas políticas,
religiosas o éticas. En sus poemas
humanísimos, sinceros, verdaderos,
aparece la cotidianidad sin arrogancia ni
agregados épicos, simplemente la
verdad de lo cotidiano y lo simple, pero
tamizados por una sensibilidad atenta, sensibilidad
de poeta, capaz de una percepción
profunda y significativa que transformará
esos hechos simples de todos los días,
en experiencia profunda y trascendente.
Se dijo que los poetas son los más
encumbrados constructores de esa "conciencia
social reflexiva", ese arduo trabajo
de los hombres - los únicos seres
incompletos (y por esto imperfectos) de
la creación. Somos los espectadores,
estamos obligados a tomar conciencia.
Toma conciencia el ingeniero, el científico,
el periodista, el hombre que medita sobre
su situación y sus conflictos. Pero
el poeta es el más alto exponente
de esta necesidad porque su toma de conciencia
es la más universal y completa: Opta
por captar -o lucha por capturar- el sentimiento
del existir. Puede intentar hacerlo con
un Himno holderliniano o con un ciclo terrenal
y celeste como el de la dantesca Comedia,
pero también puede hacerlo a través
de lo mínimo, a través de
las cosas de nuestro entorno, del aquí
y del ahora. Si es verdaderamente poeta,
comprenderemos y sentiremos que es su voz, que
al nombrar lo que vemos y sentimos todos
los días, como arte mágico,
esa realidad aparentemente inmediata, es
devuelta a una profundidad que se nos escapa
antes del verso.
Si el sociólogo explica y el político
y el filósofo interpretan, el poeta
nos da, en cambio, algo total: el sentimiento
de vida como conciencia del existir. Ni
la piedra ni el animal necesitan sentirse
vivir, pero sí el hombre. Y entre
todos corresponde al poeta entregar la expresión
de ese sentimiento total. A lo largo de
las generaciones de poetas son - pura y
simplemente - nuestra conciencia humana.
Ester de Izaguirre no centra su libro en
temas o series de temas excluyentes. Su
conciencia poética, libre y emocionada,
se posa en el más variado paisaje,
desde lo personal hasta el ambiente ciudadano.
Sus versos encuentran seres queridos, las
casas, las calles de la ciudad - hasta sus
personajes como "El deshollinador"
(poema logradísimo)- el amor y la
meditación del amor, y la muerte,
el interrogante eterno.
Pero los temas de todos sólo cobran altura
en la pluma de muy pocos, y Ester de Izaguirre
logra darnos una clara prueba de sensibilidad
omitiendo las sonoridades del arte elocutivo
tanto como el prestigiado recurso de lo
filosófico o lo político y
queda un despojado sentimiento de verdad,
de una pura realidad. Es aquí cuando
su poética se hace altamente significativa,
reconfortante, ya que hay una afirmación
final de la vida.
Ester de Izaguirre nos eleva a una celebración
verdadera, a una afirmación, diría,
religiosa final, que nada tiene que ver
con facilidades fideístas.
Creo que éste es el aspecto que más
tenemos que agradecerle a E. de I. Yo, formalmente,
lo hago con entusiasmo, al haber encontrado
verdadera poesía en estos tiempos
de falsas cosmogonías y quejas plañideras.
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